CORREDOR MATHEOS, José: El don de la ignorancia.
Editorial Tusquets
Nº de páginas: 124
Esta vez me voy a atrever con un libro de poesía, lo que a mi juicio no deja de ser una temeridad. Hablar de una novela es relativamente sencillo. Nos movemos en terreno conocido: una historia, unos personajes,... ¡Y se acabó! Normalmente todo se cierra con un juicio sumarísimo: o nos gusta el conjunto o no.
Pero ¿podemos actuar del mismo modo ante un libro de poemas? Sospecho que no. Normalmente cuando leemos a un poeta nos gustan unas cosas, otras nos dejan indiferentes, muchas nos disgustan y otras directamente no las entendemos. ¡No hay que desesperar! En este último supuesto, lo más prudente es dejarlo para otro momento.
Sin embargo, antes de nada, lo que debemos tener claro es qué tipo de poesía nos gusta. A mí particularmente la que me atrae es la que habla del hombre, de la vida, del mundo;... "de la experiencia" la llaman los entendidos. Después asumo que la lectura de un libro de poemas es una solemne pérdida de tiempo: primero, porque -todos lo sabemos- la poesía no sirve para nada; y, lo segundo, porque hay que leer muchos poemas para que, quizás, no nos guste ninguno. ¿No decís que en esta vida no todo tiene que tener una utilidad? ¿Pero en 124 páginas no va a haber algo interesante?
Con tanto largar, se me olvidaba que quería hablaros de un libro de poemas. Como no quiero engañaros, evitaré las palabras que todos esperáis leer ahora; nada de "sublime" ni de "libro imprescindible",... Tan sólo os ofrezco los tres poemas que más me gustan. ¡Espero no estar cometiendo ningún delito!:
| RECUERDO aquel paseo solitario en que sólo el silencio era lo que alcanzaba a oír entre las hojas, y podía sentirme como un árbol, sentirme como un pájaro. Y recuerdo también un único paseo acompañado, hace ya mucho tiempo. No puedo recordar quién pisaba las hojas a mi lado. |
QUÉ gran felicidad, respirar este aire fresco del mes de abril, al salir de mi casa, y que sea la lluvia la que abra mi mente, me devuelva mi nombre, me devuelva mi rostro, me devuelva mi voz. |
POCAS cosas despiertan mi alegría como el brincar gozoso de algún perro que me ha salido al paso. Pocas cosas remueven algo profundo en mí como el mirar de un perro fatigado de haber vivido tanto. Todo el amor del mundo que tú ansías y la desolación que sientes asoman a los ojos de un perro que te mira, interrogándote. |
Patxi (Leng. y literatura).
Tu opinión:
Las palabras expresadas en este poema tienen vida, profundidad y la sencillez de sentirse transportado en ese caminar, y ver lo que pocos ojos ven, lo cansado de la gente; quizá expresado en el perro, pero es la gente misma, somos nosotros que sólo vemos en nosotros el yo.
Gracias por su poesía que es arte.
Anónimo
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