STOKER, Bram: Drácula.
Editorial Lumen. (Existen otras ediciones)
Páginas: 600 aproximadamente.
Esta es una de esas novelas que todo el mundo cree "saberse" de memoria, porque ha leído fragmentos, ha visto películas que se basan en ella o, simplemente, conoce el mito. Sin embargo, es muy interesante dedicarle un tiempo ?quizá, para nuestras vidas aceleradas, demasiado largo?.
Las vidas de los diferentes personajes (con sus amores, sus desengaños y sus inquietudes) son atractivas, aunque en más de un momento nos parezca que se asoman peligrosamente al precipicio de la cursilería.
Sin embargo, es la figura del conde Drácula la que se levanta por encima de todos ellos para inmovilizarnos como dicen que hacía la esfinge con su terrorífica mirada. Ante este personaje demoníaco es difícil no sentirse confuso. Su voracidad asesina nos empuja a odiarlo. Pero, a la vez, nos despierta una cierta conmiseración. Nos da vértigo la posibilidad de vernos aherrojados a una existencia como la suya, buscando permanentemente víctimas que nos den vida, peregrinando de ataúd en ataúd. Y, sobre todo, nos aterra sólo pensar en la posibilidad de vernos condenados eternamente a la más fría de las soledades. El conde Drácula persigue al hombre vivo, pero tan pronto como lo alcanza, comienza a perderlo; la misma frustración siente cuando trata de alcanzar a la mujer bella. Es una suerte de rey Midas destructor: todo cuanto toca se convierte en muerte.
Quizá, por todo ello, al final del libro me ha invadido un sentimiento ambivalente. Por un lado, deseaba que de una vez por todas Drácula dejara de existir; pero, por otro, pedía a gritos que pudiera llegar a tiempo a ese castillo en Transilvania, que es su refugio y su prisión.
Patxi (Lengua y Literatura)
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