Distintas visiones, diferentes estilos, diversos pintores. Pero un género común: el retrato. En esta exposición queremos mostrar retratos masculinos de los siglos XIV y XV como primer capítulo de la serie retratos ya que una ulterior exposición la dedicaremos a los femeninos.
Un retrato pintado no resulta fácil de realizar. Pintar unos ojos, una boca y una nariz lo podemos hacer todos, pero insuflar a un rostro vida, personalidad, pensamientos, intenciones y espíritu ya solo está al alcance de grandes genios de la pintura como los que aquí hemos seleccionado.
No en todas las épocas se pintan los retratos de la misma manera, cambia el colorido, las pinceladas, el brillo, la postura, la vestimenta, etc.
Cuando nos sacamos fotos de carnet el resultado es completamente diferente según si vamos al fotomatón o a un estudio de fotografía. Esto es así porque para conseguir un resultado favorecedor del retratado hay que considerar que una pose completamente de frente resulta generalmente antiestética. Las luces y las sombras no han de ser excesivamente duras o de lo contrario podemos parecer zombies. El gesto también es fundamental, puede ser agradable y cercano, distante y frío, soberbio y altivo, profundo y trascendente, etc. En nuestro rostro poseemos gran cantidad de músculos que configuran nuestra expresión y hay que recordar que la cara es el espejo del alma.
Así como en la Edad Media había un acusado teocentrismo y los rostros de las personas eran estandar, todos similares y sin que conozcamos sus nombres, en el Renacimiento predomina el antropocentrismo, el hombre es la medida de todas las cosas y se investiga mucho sobre el cuerpo humano. Aparecen con intensidad los retratos de personajes con nombre y apellidos, abundan los desnudos (impensables en la Edad Media) y el conocimiento anatómico crece muchísimo (Leonardo Da Vinci diseccionaba cadáveres para estudiar su anatomía).
Pues tras todas estas consideraciones, aquí tienes una serie de retratos masculinos para que disfrutes adivinando la psicología y la personalidad de estos caballeros, algunos son autorretratos de pintores famosos y otros son retratos de los propios encargantes de los cuadros.
El fantástico pintor nacido en Creta pero vinculado a Toledo consigue en este retrato de un caballero toledano una expresión bondadosa y cercana. Como en casi toda la obre de El Greco, la figura es alargada y huesuda, algo que se acrecienta por la barba aguzada, la nariz aguileña, los ojos profundos y la gola blanca del cuello. El fondo es de un tono neutro lo que nos permite concentrar toda nuestra atención en el rostro. El colorido es apagado (negro, ocre, grises) pero el blanco luminoso de la gola rompe la monotonía cromática.
Este cuadro del Museo del Prado fue pintado por este genio del Cinquecento italiano (siglo XVI) que fue Rafael, nacido en Urbino (norte de Italia).
Rostro astuto y distante, pensando en sus cosas y bastante calculador, reflejo de la personalidad sibilina de su tiempo, cuando el Vaticano era un estado más y sus ministros se comportaban de un modo totalmente mundano.
Rafael lo retrata de medio cuerpo, con una postura de tres cuartos y el rostro levemente girado, pose que resulta muy favorecedora (y que los fotógrafos nos hacen adoptar cuando nos retratan).
El fondo es neutro y destaca poderosamente el fulgurante rojo de la seda de sus vestidos, contrastado con el blanco de las puntillas y el nacarado de su piel en rostro y manos.
La luz viene de la izquierda y produce unos bellos claroscuros.
Grabador y pintor, Alberto Durero es el mejor representante del Renacimiento alemán. Verdadero hombre del renacimiento, interesado en todo lo concerniente al saber, destacó sobre todo por sus bellas pinturas. Aquí exponemos su famoso autorretato, prodigio de perspectiva, proporción y armonía. En una bella pose de tres cuartos (muy favorecedora) y vestido con casaca, guantes y un gorro muy original, luce una cuidada cabellera larga y una barba que disimula un tanto la candidez de su cara. Está en un interior y la ventana asoma a un bello paisaje, con lo que la perspectiva es infinita. Observa como va difuminando lo que se encuentra más lejos y como la contemplación general de la obra nos resulta relajante y estéticamente muy atrayente
El primer pintor español verdaderamente renacentista, con grandes influencias de los pintores italianos es Pedro Berruguete, nacido en Paredes de Nava (Palencia) de familia de artistas, su propio hijo, Alonso Berruguete, fue un excelente escultor. Esto dos retratos de reyes bíblicos formaban parte de un conjunto de seis retratos, tres a cada lado de una escena central....................................Como puedes comprobar, su posición difiere, uno más de frente y el otro más de perfil, pero ambos pueden presumir de presentar todo lujo de detalles en sus trajes, tocados, joyas...y en sus rasgos anatómicos como ojos, barbas, expresiones, etc.
Los espectaculares y coloridos ropajes, propios de reyes, resultan muy efectistas ya que Berruguete les da unas tonalidades fuertes y las complementa con cuidados efectos de luces y sombras. Un rasgo de cierto arcaísmo son los fondos dorados, propios del gótico.
Los dos retrato parecen ser de los primeros realizados en el renacimiento español y desprenden un halo de elegancia y belleza serena.
El gran Tiziano, pintor renacentista de origen veneciano vivió muchos años y su obra es muy extensa. Cultivó diversos géneros como el mitológico, religioso, bélico y, desde luego, el retrato. Tenemos aquí a un elegante caballero que posa sujetando una estatua clásica desnuda, probablemente una venus. Su capa de armiño, mangas de rojo brillante, su colgante con medallón y su penetrante mirada nos cautivan desde el principio. Fue escultor, orfebre, pintor, arquitecto y coleccionista y su biblioteca poseía tres mil volúmenes.
Con pincelada rápida y fluída, Tiziano coloca a Jacopo en un elegante "contraposto", llevando la cabeza a un lado y los brazos al contrario.
Este retrato pintado en 1470 nos muestra con minuciosidad prodigiosa a un caballero de nombre desconocido, vestido de negro y sobre un paisaje.
Mirada penetrante y perdida en el horizonte, posición de tres cuartos que embellece y resalta. Memling era un rico comerciante de la ciudad de Brujas y pintó muchos retratos de conocidos suyos. Siempre presentan exquisitos acabados y una fina sensibilidad en el tratamiento de la imagen. Como buen pintor de Flandes, Memling pinta con minuciosidad los detalles, fíjate en los cabellos individualizados, los árboles edificios y montañas del fondo y los suaves claroscuros de las superficies.
Setas, vides, calabazas, higos, pimientos y cebollas son los elementos con los que juega Giuseppe Arcimboldo para componer su figura del otoño. Este curioso y original pintor italiano tiene las cuatro figuras de las cuatro estaciones compuestas con elementos inanimados como frutas y verduras, mostrando un cuadro sorprendente y peculiar.
Dibujo de su propio rostro, ya mayor, y mostrando un profundo estudio anatómico y fisiológico de nuestro admirado Leonardo. Incluso en este dibujo apreciamos el Sfumato. Los detalles son magníficos como puedes observar en los ojos, los cabellos, las arrugas... El genio tiene una mirada penetrante mezcla de sabiduría, inteligencia, ironía y cansancio vital.
El gran Leonardo, como ya sabrás, mandaba robar cadáveres de los cementerios (algo totalmente prohibido) ya que era la única manera de poder estudiar la estructura interna del cuerpo humano. Por esa razón, los dibujos y pinturas de este maestro renacentista que representan cuerpos humanos son de una fidelidad pasmosa y este es el caso de su autorretrato en el que puedes apreciar la serenidad y la inteligencia de una persona con una gran energía interior.
¿Te parece que puede ser la misma cara que la de Mona Lisa? Compara los rasgos anatómicos y juzga por ti mismo si la famosa teoría es cierta.