Un tema morboso para esta exposición de la PINACOTECA COSSÍO. Todos pasaremos por ella pero es un tema del que casi no hablamos. No sabemos con certeza nada de lo que hay después y tradicionalmente nos ha producido temor y desasosiego.
El mundo del arte ha tratado el tema con enfoques diferentes según la mentalidad y las creencias de cada época. En esta exposición puedes ver obras sobre la muerte enfocadas de diversa forma, desde los puntos de vista religioso, científico, macabro, poético, heroico, bélico, legendario
La lapidación o apedreamiento hasta la muerte era algo muy frecuente en la antigüedad y todavía hoy existe en muchos países para castigar a las mujeres acusadas de adulterio. La ingenuidad y sencillez tan típicas del arte románico no hacen sino acentuar el horror de la escena, que, pese a no tener perspectiva ni realismo, expone claramente la crudeza de la lapidación. Unos esbirros cobardes apedrean al santo, le provocan una fractura de cráneo y sangra abundantemente. Lejos de sentir odio o deseos de venganza, San Esteban se encomienda a Dios, quien le bendice y le envía un rayo divino que le conducirá al cielo. Está claro que Dios nunca ha defendido o justificado la violencia ni la guerra, ni Alá, ni Yavhé, ni ningún otro.
Hacer la guerra en nombre de Dios es utilizar su nombre en vano y acusarle de amparar a asesinos. Todos los dioses de todas las culturas han condenado sin paliativos la guerra.
Terrorífica escena mitológica que recrea la leyenda de Saturno, dios del tiempo y de la muerte quien, amenazado por el oráculo sobre que un hijo suyo lo destronaría, decidió comérselos a todos. Aquí le vemos desesperado, nervioso y crispado devorando un frágil cuerpecito al que ya le ha arrancado la cabeza y los brazos. La visión del dios como un viejo frenético cuya boca es una fauce negra, cuyo pelo se agita hacia un lado mostrándonos las dentelladas convulsas como si fuera un depredador y las manos apretando horriblemente el cuerpo de un hijo, nos conforman un cuadro sobrecogedor que estremece por su crueldad y violencia desatada.
Sabemos que, en el colmo de lo horrendo, Goya le pintó el pene erecto, simbolizando el placer sexual del viejo mientras practica el canibalismo. Posteriormente, los censores de la época borraron ese pene, escandaloso para aquellos tiempos. Algunos críticos creen que el cuerpo devorado es femenino por las nalgas anchas y no sería de niña sino de joven, lo que añadiría morbo sexual a una escena ya de por sí fuertecita.
Goya retrata el cuerpo de Saturno, dios de lo seco y caduco, como un conjunto de pinceladas sueltas, manchas de color que marcan miembros apenas insinuados como sus piernas (parecen muñones), brazos y tronco.
Tiene los ojos fuera de sus órbitas y la sangre mancha sus manos, su hijo ya está sin cabeza pero él sigue el festín con un frenesí de violencia dificilmente superable. El fondo negro consigue dos cosas: no nos distrae del tema representado y acentúa la sensación de horror con la oscuridad. Seguramente no encontrarás un cuadro más expresivo que éste.
Con motivo de la guerra civil española, el gobierno de la República encargó a Pablo Ruiz Picasso un cuadro-denuncia de las atrocidades de los militares sobre la población civil acaecidos en el bombardeo de la villa vasca de Guernica en abril de 1.937. El cuadro se expuso en el pabellón de España de la Exposición Universal de París de ese mismo año.
La aviación alemana (legión Cóndor), arrasó Guernica a espaldas de Franco y con la única finalidad de probar sus nuevos aviones y bombas de cara a la guerra mundial que se avecinaba. Nada mejor que un simulacro de bombardeo en situación real, con bombas de verdad y......¡ población debajo !.
Esta monstruosidad fue recogida por Picasso en un mural gigantesco (más de 7 metros de largo) en el que vemos las casas ardiendo y derrumbándose, una madre con el cadáver de su hijo en brazos, un toro y un caballo (animales sorprendidos y aturdidos por la estupidez humana), un guerrero muerto con la espada rota, un sol empequeñecido por el humo, una bombilla (la luz de la verdad) iluminando el horror y un pájaro intentando volar desesperado.
Esta obra es un icono contra la violencia, un símbolo universal contra la guerra y una denuncia de sus consecuencias.
Curioso tema el de la disección de un cadáver, algo que solamente encontramos en el barroco. El doctor Tulp inicia la disección ante la atenta mirada de siete personajes. El cadáver pertenece a Aris Klindt , colgado por ladrón y lo sorprendente es que la autopsia se comience por el antebrazo en vez de por el tronco. No se ahorran detalles, los tendones, los músculos, las pinzas separadoras y el tono blanquecino del cuerpo en contraste violento con los negros atuendos de los alumnos. Las arquitecturas están sólo esbozadas, mientras los rasgos físicos y las vestimentas despliegan un verdadero lujo de detalles.
Fantástica obra de este genio del siglo XV que nos muestra , con la típica prevalencia de azules y verdes de los cuadros de Patinir, a Caronte, el barquero del más allá guiando su barca por la laguna Estigia, que según la leyenda, llevaba a los fallecidos al mundo de ultratumba. Caronte lleva en su barca un alma y se encuentra en plena encrucijada: hacia la derecha del cuadro un gran ramal de la laguna lleva claramente al infierno donde encontramos al can cerbero de tres cabezas y ruinas ardiendo (el fuego es la quintaesencia del infierno). A la izquierda del cuadro un ramal mucho más estrecho lleva al paraíso y varios ángeles hacen señas a la barca para que se dirija hacia allí. El paraíso es un paisaje calmado, con un lago luminoso y una burbuja transparente de fondo.
Caronte parece ya haber elegido el camino del infierno para el alma que transporta, desoyendo las llamadas de los ángeles.
Curiosa, macabra y poco conocida obra del gran Van Gogh representando una calavera que fuma. Impresionante este pintor que ya conocía la peligrosidad del tabaco y que además lo refleja de la manera más expresiva posible.
A diferencia de otras obras de Van Gogh, repletas de colorido, aquí el fondo negro y la gama de ocres de los huesos del cráneo consiguen un efecto impactante, mezcla de miedo y absurdo ante la presencia del cigarrillo humeante entre los descarnados dientes de nuestro amigo.
El Cristo de San Plácido es un ejemplo de Jesús espléndido y majestuoso, lleno de dignidad y serenidad, cualidades tan apreciadas por Velázquez.
El fondo negro concentra nuestra atención en el cuerpo fuertemente iluminado. Según la leyenda, Velázquez pintó medio rostro y le salió tan perfecto que temía no hacer el otro medio con la misma calidad. Decidió entonces hacerle caer el cabello por la cara. Sea como fuere, el recurso es muy efectista y añade seriedad y gravedad a la escena. Como buen pintor barroco del siglo XVII, utiliza fuertes claroscuros, refleja profundamente el sentimiento y busca la piedad del observador.
Esta obra, procedente de la tumba de este faraón en el valle de los reyes de la necrópolis tebana reproduce otra escena funeraria con Ramsés I entre el dios halcón (Horus) hijo de Osiris e Isis y el dios chacal, Anubis dios de los muertos y del más allá.
Las dos divinidades Horus, dios halcón, hijo de Osiris e Isis, dios solar portando la doble corona del alto y bajo Egipto y Anubis, dios chacal y patrono de los muertos, cogen de la mano al faraón Ramses I y llevan su otra mano a los hombros del mismo. Fíjate en que en todos los pies se ve siempre el dedo gordo, al igual que las manos, que son del mismo lado, que los hombros están de frente, las caras de perfil y los ojos también de frente. Otra cosita en que ya habrás reparado es en lo morenos que están los personajes masculinos en esta obra por contraposición a las chicas, esto se explica por los cánones de belleza de la época y porque una mujer morena lo era por su trabajo en el campo, luego era pobre.
Ramsés lleva el Klaft sobre la cabeza junto con el Uraeus (cobra) y todo ello seguro que lo conoces de los disfraces de egipcios en carnaval.
El colorido es muy intenso y variado, lo que aporta frescura y vistosidad a la escena.
Te costará encontrar un cuadro más espeluznante que este; el tema en sí, su tratamiento, los colores, los claroscuros y las múltiples escenas terribles componen un conjunto estremecedor.
El cuadro fue pintado por este famoso pintor flamenco en el siglo XVI y tiene una finalidad moralizante, pretende que seamos conscientes de la rapidez del paso de la vida, la vanidad inútil de los asuntos humanos y la llegada de la muerte antes o después.
Como indica su título, la muerte representada por los esqueletos se enseñorea de todo y de todos, destruye, asesina, ejecuta y arrebata vidas y posesiones. Nadie puede escapar a su acción, todos son arrastrados por el frenesí de los muy activos esqueletos.
Un punto de vista altísimo nos desvela un paisaje desolado, todo es ocre, no hay plantas verdes ni agua limpia ni ningún signo de naturaleza viva. Las hogueras, los troncos secos, la destrucción y la oscuridad generalizada no permiten ningún optimismo. Incluso en el mar abundan los naufragios, los faros están en llamas y nada sobrevive.
Los ejércitos de esqueletos derrotan contundentemente a los vivos y los llevan a una muerte segura.
Los esqueletos se organizan magistralmente, fíjate que en el fondo del cuadro aparece la caballería esqueleta por la izquierda y junto con la infantería esqueleta de la derecha, cercan fatalmente a las personas que intentan inútilmente huir de su destino. También al fondo encuentras el "cuartel esqueleto" y todos están alrededor del edificio. Entre las colinas arrasadas y quemadas se multiplican los ataques de esqueletos y la aplicación de horribles torturas a sus víctimas, como las ruedas colocadas en alto, donde la Inquisición colocaba a los condenados por herejes, una vez machacadas sus articulaciones a mazazos para que fueran devorados por los cuervos y buitres. También puedes ver las ejecuciones inmediatas, bien por ahorcamiento o decapitación. En lo que parece una necrópolis, se producen desentierros y los que salen, o son sacados de sus tumbas, se unen al ejército esqueleto.
En los primeros planos abunda la hiperactividad de los esqueletos, uno cabalga sobre un caballo famélico portando el reloj de arena (símbolo del final de la vida), otro jinete esqueleto blande la guadaña (herramienta de la muerte), y un último, en el carro lleno de huesos, toca a difuntos. Nadie se libra, ricos y pobres; viejos y jóvenes; guapos y feos. A la izquierda un rey con armadura, corona y cetro ya está en el suelo y contempla como el esqueleto coge monedas de oro de sus barriles repletos (las riquezas no nos acompañan al más allá), y otro le enseña el reloj de su final. A la derecha, amantes y juglares son presa de los soldados esqueletos que disfrutan interrumpiendo el juego y el amor y también la comida, burlándose macábramente de las damas y sus acompañantes.
Los espantados vivos, a los que poco les queda, son arrastrados a un gigantesco ataúd cuya tapa es izada mediante poleas por un ingenioso esqueleto mientras sus compinches con guadañas, lanzas y espadas conducen a la multitud hacia su interior. A la derecha de este ataúd la guardia esqueleta espera su turno parapetada en unos morbosos escudos: ¡¡tapas de ataúdes!!.
De nuevo a la izquierda una laguna muestra cuerpos de ahogados con el abdomen hinchado (eso pasa en la realidad) y personas que son arrojadas al agua y rematadas. Algunos esqueletos cazan humanos con una red mientras otros, vestidos con túnicas blancas tocan las trompetas. Arriba a la izquierda, dos esqueletos completan esta "orquesta" tañendo una campana que toca a muerto para no desentonar.
El cuadro que resulta es de tal horror que incluso muchos vivos se les ha quedado ya la cara de cadáver, parecen zombis.
Te proponemos buscar:
- Reloj de sol con un esqueleto señalando la hora del fin.
- Una persona desnuda es perseguida por un esqueleto con lanza y cadáver colgando y dos chuchos famélicos.
- Pequeña columna con calavera sobre el capitel.
- Gran pez pudriéndose.
- Hombre escondido en un árbol y alanceado.
- Esqueleto despeñando a un individuo.
- Camarero esqueleto llevando una bandeja con un manjar...¡ una calavera! Y otra en la cazuela sobre la mesa. ¡Menudo menú!
- Persona con piedra de molino al cuello es arrojada al agua,
- Esqueletos, uno con puñal y otro con tenazas, tirando a una persona del puente abajo.
- Esqueleto con máscara vuelca una bañera con cantimploras de metal.
- Unos perros devoran el cadáver en descomposición de un équido.
- Desentierro de ataúdes.