EL BOSCO: cien después

Pues aquí estamos, después de cien exposiciones y, para conmemorar este centenario, volvemos a los orígenes. Hace 4 años un tríptico de El Bosco, “El Jardín de las Delicias” era colocado sobre un caballete en este mismo lugar. La iniciativa no tenía ni nombre y sólo pretendía mostrar obras maestras de la pintura universal con un texto explicativo.

Pensábamos en los alumnos de Arte de 2º de Bachillerato, pero nos movía sobre todo familiarizar a todo el mundo con cuadros importantes de pintores significativos.

El Jardín de las Delicias tuvo un efecto sorprendente: alumnos, profesores, padres, madres y visitantes del centro lo observaban y comentaban con sorpresa y humor.

Debido al éxito inicial, fuimos comprando y colocando cada vez más cuadros con sus textos explicativos, los enmarcamos con metacrilatos, pusimos fondos bícromos en grandes paneles, construimos un atril, instalamos una iluminación apropiada, compramos una gran lupa con iluminación, volcamos los textos e imágenes en nuestra web (cossio.net), y, ante todo, fuimos adquiriendo láminas, muchas láminas en distintos museos de todo el mundo. Y aquí tienes el resultado: un pequeño museíto, entrañable y familiar: NUESTRA PINACOTECA. Además, existen actividades complementarias como “Sherlock Pinacoholmes”, el Pinaco-Test y las explicaciones de las exposiciones, tanto la oficial, como las protagonizadas por los alumnos de arte.

Muchas personas han cooperado tan valiosa como desinteresadamente con nuestra PINACOTECA COSSÍO y deseamos agradecer profundamente su esfuerzo, tiempo e ilusión invertidos aquí. La lista de benefactores es tan larga como su generosidad: Leonardo, José Luis, Maxi, Goyo, Lorenzo, Ignacio, Nerea, Carmen, Iker, Teresa, Miguel Ángel y todos los alumnos que en el taller han construido, montado y pintado las estructuras o que han explicado exposiciones y todos los que han escuchado las mismas.

Hoy vuelve EL BOSCO, pero en unas condiciones muy diferentes a las de hace 4 años, ¿no te parece?. Pues te deseamos que lo disfrutes con la misma ilusión que entonces, en la convicción de que hoy todos sabemos un poco más de pintura y queremos seguir aprendiendo.

INTRODUCCIÓN.

Hyeronimus Van Aeken, apodado El Bosco, es uno de los pintores más apasionantes y enigmáticos de toda la historia de la pintura. Nació en Holanda en 1450 y murió en 1516.

El Bosco, según algunos estudiosos, pasaba largos ayunos para tener visiones y alucinaciones y poder crear obras imaginativas y originales. Según otros, formaría parte de alguna secta secreta y por eso sus cuadros están repletos de mensajes ocultos y enigmas difíciles de descifrar.

Como características técnicas, subrayamos la minuciosidad en el detalle, el gusto por la variedad y riqueza del color además del cuidado por la perspectiva y la originalidad en el tratamiento del tema.

EL JUICIO FINAL.

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Muy poco conocido es este tríptico que se encuentra en el museo de Brujas (Bélgica).

Mientras en la tabla izquierda se ve el paraíso terrenal con un punto de vista extraordinariamente alto, en la tabla derecha los condenados sufren diversos tormentos muy imaginativos. En la tabla central se refleja la comisión de pecados capitales y los castigos que conllevan.

Cientos de figuras, algunas realistas y otras imposibles, con colorido fuerte, tamaños caprichosos y una imaginación desbordante son lo común en este tríptico y en las demás obras de este pintor. Jesucristo rodeado por un coro de ángeles preside desde lo alto este juicio final.

LAS TENTACIONES DE SAN ANTONIO.

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Tríptico dedicado al famoso santo y a las aventuras que sufrió en forma de tentaciones. En el panel central encontramos una gran variedad de prácticas diabólicas, demonios llegan de todas partes por tierra, mar y aire hacia el sepulcro ruinoso de la zona central.

Delante del sepulcro una pareja elegantísima ofrece algo de beber en una mesa. Una extraña mujer cuyo vestido acaba en afilada cola y con un tocado tipo monja está al lado del santo, arrodillado, mirando al espectador y bendiciendo. En el fondo de la tumba tenemos a Jesús crucificado. Frente a San Antonio dos figuras: una religiosa y un hombre que sólo es piernas y cabeza. Al fondo un poblado ardiendo, alusión al “fuego de San Antón” ya que sus víctimas invocaban al santo para aliviarse.

A la derecha del mausoleo el desfile de figuras fantásticas resulta sorprendente incluso en El Bosco: el tronco de árbol que se va convirtiendo en mujer con cola de lagarto cabalgando sobre una rata gigante, una jarra cuadrúpeda manando agua cuyo jinete, completamente incorpóreo tiene un cardo por cabeza, pez traslúcido con un personaje tragado en sus entrañas y manos fuera. A la izquierda un diablo con armadura toca el laúd y porta la calavera de un caballo mientras monta sobre un ganso con hocico de carnero. Existen muchos más detalles que debes observar y que hacen referencia a pecados capitales como la lujuria. No obstante ser figuras repugnantes, El Bosco con su colorido vivo y variado, les confiere un indudable belleza visual.

En la tabla lateral izquierda San Antonio es llevado inconsciente por dos monjes y un civil vestido de rojo que sería el autorretrato de El Bosco. En la tabla derecha se cuenta la historia de la reina endemoniada.

EL PEREGRINO (EL HIJO PRÓDIGO)

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Proveniente del museo de Rótterdam, esta obra de pequeño tamaño mantiene la constante lección moralizante de El Bosco haciéndonos ver a un peregrino (tal vez el hijo pródigo) caminando hacia una valla cerrada mientras se aleja de una casucha cochambrosa que es la alegoría del vicio y del pecado (un hombre orinando, una pareja haciéndose arrumacos y una siniestra señora asomada a la ventana).

Todo parece indicar que se trata de un prostíbulo. El peregrino duda, debe decidir entre abrazar el pecado (la casa) o abrir la verja y buscar el campo abierto, símbolo del camino recto “ Yo soy la puerta; de modo que el que pase por mí se salvará y entrará y saldrá y encontrará pastos”. (Juan 10, 9 )

EL CARRO DE HENO.

Tríptico muy sugerente en cuya tabla central aparece un enorme carro repleto de heno y un sinfín de personajes. En la cima del carro se desarrolla una escena cortesana, unos amantes, la música, y un ángel y un diablo. Es una especie de “jardín del amor” donde el ángel mira a Jesucristo en una nube mientras el diablo participa del juego musical y sexual que se adivina. Jesús presenta una expresión de paciencia infinita mientras levanta los brazos como exclamando: ¡¡ Madre mía, qué gente !!

El carro es gigantesco y está completamente lleno. Según todos los expertos, el tema alude a un versículo de Isaías: “Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae”. Estamos ante una alegoría de lo efímero de los bienes y placeres materiales y de lo pasajero de todo lo de este mundo. A esa felicidad terrenal y material, representada por el carro, quieren subirse todos. En ese intento están todas las clases sociales, reyes y obispos, pueblo llano, etc. La chusma se pelea y se empuja por conseguirlo desesperadamente mientras príncipes y prelados cabalgan mansamente porque ya tienen la riqueza (el heno) conseguida; representan el pecado del orgullo. A los pies del carro vemos otros pecados capitales, así puedes contemplar el mendigo farsante (con un niño), es la avaricia que conduce al engaño y al fraude. El médico embaucador (con diagramas y frascos en una mesa para impresionar a sus víctimas) tiene la bolsa llena de heno al tener ganancias conseguidas ilícitamente. A la derecha varias monjas introducen heno en un saco (atesoran riquezas) y las está vigilando un monje con una abultada panza, símbolo de la gula. Varias escenas de violencia se desarrollan en torno al carro. El Bosco denuncia con estas escenas el egoísmo, la codicia y la ambición que anidan en el ser humano sea cual sea su condición social y económica. Diversos seres monstruosos tiran del carro.

Si te fijas atentamente, la riqueza de detalles es sobrecogedora, puedes descubrir a una monja bebiendo, una extracción de muelas, un degollamiento, la limpieza del culito de un niño y un asadero de peces.

En las tablas laterales aparecen la creación del hombre, el paraíso y la expulsión (izquierda) y el infierno (derecha) en un tratamiento algo distinto al de El Jardín de las Delicias.

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SAN CRISTÓBAL.

También en el museo Boymans Van Beuningen de Rótterdam, esta tabla muestra al gigante San Cristóbal llevando al niño Jesús atravesando el Jordán. Pero como siempre en El Bosco, hay más cosas: un eremita a la orilla y detrás una jarra que, colgada de un árbol, alberga una taberna endemoniada; un dragón asustando a un nadador, un hombre trepando a una colmena (símbolo de la embriaguez); un pueblo arde al fondo, un hombre cuelga a un animal de un árbol...

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SAN JUAN EVANGELISTA EN EL DESIERTO.

Cuadro conservado en el museo Lázaro Galdiano de Madrid, San Juan Bautista descansa en un paisaje boscoso mientras señala al cordero de Dios, en el ángulo inferior derecho.

Te va a parecer que la naturaleza se ha vuelto un poco loca ya que aparecen frutos gigantes bulbosos e insectos inusuales. La riqueza de detalle es prodigiosa.

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EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

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En la tabla de la izquierda podemos ver el paraíso con Adán y Eva recién creados por Dios en medio de un jardín espectacular con animales variados, rocas fantasmales, flora original y una imaginativa fuente, la fuente de la vida.

En la tabla derecha se representa el infierno, los condenados, protagonistas de diversos pecados, sufren tormentos en medio de un paisaje desolado, en llamas, amenazante y lleno de seres horrendos que los devoran, aplastan y asesinan. En el centro se encuentra el hombre-árbol , quien , sin culo y con sus brazos en forma de troncos secos y sus manos como botes flotantes, contempla lo que sucede en sus entrañas. Sobre su cabeza un disco con demonios y sus víctimas en torno a una gaita. En el ángulo inferior derecho aparece Lucifer como un monstruo con cabeza de pájaro y pies de vasijas que engulle cuerpos para después defecarlos en un orinal desde donde caen a un pozo. En él el glotón (gula) es obligado a vomitar y un individuo defeca monedas (el dinero no sirve en el infierno). Al lado, la dama orgullosa (soberbia) se ve obligada a reflejar sus encantos en las nalgas de un diablo. En un lago los patinadores caen y se hunden. Encima, un caballero con armadura (ira) es atacado por una jauría. Puede tratarse tambien de sacrilegio pues se aferra a un cáliz de oro. Un tanque infernal. formado por dos orejas y un filo avanza sobre los condenados y los aplasta. Incluso los instrumentos musicales sirven de armas terribles para ejecutar a los malditos. Los personajes situados en primer término parecen condenados por el juego y las tabernas ya que portan dados, naipes y tableros de juego.

La tabla central nos muestra una complicada escena con cientos de personajes en actitudes “muy interesantes”. Observa: en un estanque circular un grupo de mujeres desnudas se da un baño y son contempladas por un numeroso grupo de jinetes tambien desnudos que cabalga alrededor. La escena es explícitamente sexual (montar un caballo es un símil de realizar el acto sexual) y los caballeros pretenden relación carnal con las damas (la más atrevida ya está saliendo del agua). El fondo está ocupado por unas imaginativas estructuras absolutamente fantasiosas y surrealistas.

En todo el paisaje vemos animales y frutos con tamaños desmesurados y hombres y mujeres, todos desnudos, entregándose febrilmente a todo tipo de placeres carnales. Fíjate bien en las posturas, actos, desviaciones sexuales, es muy divertido. La lujuria lo invade todo, no hay niños, sólo adultos muy pálidos con algún negro para contrastar.

El Bosco utiliza un punto de vista muy alto (como si estuviésemos observando desde una torre) y así se ve mucho paisaje, el horizonte queda muy lejano. Los colores son muy variados y estridentes, lo que, junto con lo representado, acentúa la sensación de sueño fantástico que impregna todo.

La perspectiva se consigue enpequeñeciendo lo que se encuentra lejos. Se hace hincapié en el movimiento de los personajes y en una representación realística de los mismos.

Algo muy típico de los pintores holandeses y flamencos del renacimiento es la minuciosidad en los detalles, hasta el punto de que con una lupa podríamos observar minúsculos detalles que a simple vista pasan desapercibidos.

El Bosco es uno de los pintores más misteriosos de toda la historia del arte y no es fácil interpretar sus obras. Podemos decir que la tabla izquierda significa la inocencia del hombre en el momento de la creación. La tabla central podríamos definirla como un sueño erótico desenfrenado ya que la lujuria era considerada en la época como el origen de todos los demás pecados. Esta entrega al erotismo la pagarán cara en la tabla de la derecha donde el infierno les espera. En esta pesadilla demonios y monstruos trabajan a destajo para infligir horrorosos tormentos a los condenados. Muchos animales tienen un significado oculto: el pájaro la libertad, el mono el placer sexual, el perro la fidelidad, etc.

A VER SI ENCUENTRAS :
  1. una cerda vestida de monja besando a un hombre.
  2. Una pareja copulando dentro de un mejillón.
  3. Un conejo que lleva a su víctima suspendida de una pértiga.
  4. Unos pájaros salen del trasero de un condenado.
  5. Un personaje introduce unas flores por el recto de otro.
  6. “Menage à trois” dentro de una campana transparente.
  7. Haciendo el pino en un lago tapándose los genitales, donde hay frutas y pájaros
  8. Un hombre se encariña de una lechuza.
  9. Grupo portando un crustáceo con tres cuerpos enseñando sus culos grises.
  10. Grupo mostrando ostentosamente sus posaderas sobre las que hurgan negros cuervos.
  11. Jinete haciendo un mortal sobre su caballo.

LA EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA

Escena curiosa y con indudable gracia, como todas en El Bosco, en la que aparecen cuatro personajes súmamente llamativos. La leyenda escrita en el cuadro dice: ”Saca fuera la piedra. Mi nombre es Lubbert Das”. Este supuesto nombre puede traducirse por “bajito y castrado” o según algunos sería el equivalente en Flandes a persona simple y boba. Analizando uno por uno los personajes, de izquierda a derecha tenemos un supuesto cirujano que opera brutalmente al paciente extrayéndole la “piedra de la locura”. Va ataviado con traje largo y un embudo en la cabeza. De su cinturón cuelga una bolsa de dinero.

El siguiente es el paciente intervenido, con cara de simplón, paticorto y barrigudo, que se deja hacer. Otro es un fraile, que habla al paciente y sostiene una jarra. Por último, apoyada sobre una mesa está una religiosa con su hábito que observa la intervención quirúrgica entre aburrida y curiosa y sobre su cabeza mantiene un libro cerrado. Todos estos elementos son una clara denuncia de la credulidad de algunos y del descaro de otros para ganar dinero a costa de esa credulidad, sazonada de ignorancia y fanatismo. El crédulo es el operado, que cree que le van a curar la locura sacándole una piedra del cerebro. Su bolsa de dinero está atravesada por un puñal (significa que está siendo estafado). El “cirujano” tiene su bolsa bien rellena (ha ganado dinero mediante el engaño al tonto) y el embudo del revés simboliza que sólo recibe, no da (a cambio de no hacer nada realmente, cobra una suma de dinero). El fraile, cómplice del timo, implica a la Iglesia en la fabricación de falsas creencias, miedos y misterios para obtener beneficios económicos de los ignorantes. La religiosa, sostiene el libro cerrado, símbolo de la incultura y la desinformación, también lleva una bolsa colgada.

Si te fijas bien, la piedra no es tal, sino un tulipán negro, al igual que el que hay sobre la mesa y es el símbolo del dinero, es decir, al crédulo se le saca el dinero.

El Bosco denuncia así las creencias populares absurdas y acientíficas que permiten a desaprensivos aprovecharse y enriquecerse. ¿ No nos suena esto familiar actualmente con respecto a videntes, adivinadores, sanadores, visionarios y otros especímenes que dicen adivinar nuestro futuro mediante métodos ridículos?

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