EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE BUENOS AIRES.

Este desconocido (para nosotros) museo presenta obras de pintores argentinos fundamentalmente, pero también cuadros de Rembrandt, Goya, El Greco, Rubens, Sorolla, etc.

En esta exposición mostramos una selección de obras de este museo bonaerense para que compruebes como no solo en museos europeos o norteamericanos es posible encontrar cuadros de artistas reputados.

Para nosotros, como europeos, los pintores hispanoamericanos en general y los argentinos en particular nos resultan casi totalmente desconocidos.

Esto no significa que no sean buenos, sino que, ante la gran cantidad y calidad del arte europeo, los de otras zonas quedan eclipsados.

La PINACOTECA COSSÍO ya dedicó una exposición a los pintores norteamericanos del siglo XX y ahora hacemos lo mismo con los oriundos de ese precioso país llamado Argentina.

Como podrás observar, (ahora que tienes una considerable culturilla pictórica por ser asiduo a las exposiciones del insti) estas obras podrían ser confundidas con otras impresionistas y realistas de nuestro continente. Dicho de otro modo, ves aquí cuadros impresionistas al estilo de Monet, Sisley, Pizarro o Renoir y realistas como los de Courbet, Corot, Rusiñol, etc.

Hemos seleccionado cuadros que se encuentran en el museo de Bellas Artes de Buenos Aires y que han sido creados por los argentinos Fernando Fader, Quinquela Martín, Martín Malharro y Ernesto de la Cárcova y por los españoles Goya y Sorolla.

Observa el sentido trágico que presentan algunos de estos pintores argentinos y que tiene que ver con un país convulso, repetidamente golpeado por la violencia, la injusticia, la corrupción, la pobreza y la crisis económica.

A nivel técnico encontramos los mismos principios que en Europa en cuanto al impresionismo y además una gran fuerza expresiva, una pincelada trágica y un sentido pesimista de la vida.


SIN PAN Y SIN TRABAJO. ERNESTO DE LA CÁRCOVA.

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Enorme fuerza expresiva y contundente denuncia social la que contiene este cuadro.

La escena, cargada de dramatismo, representa el interior de una vivienda miserable en la que un hombre en paro descorre la ajada cortina con un gesto de rabia e impotencia. Mira a través del cristal a los obreros entrando en la fábrica mientras él se queda en casa sin trabajo y sin salario que aportar a su familia. Su puño apretado sobre la mesa, sus rudas manos de trabajador manual, su postura en equilibrio inestable sobre la silla inclinada... todo muestra una situación desesperada. Por si fuera poco, su mujer intenta amamantar a un bebé pero su extrema delgadez la ha dejado sin leche. Sus grandes manos también muestran la situación límite y se aferran entre protectoras y crispadas a su hijito. Podemos rastrear una sucesión de miradas muy expresivas y clarificadoras de la terrible situación: la madre mira a su marido mostrando la angustia y esperando en vano una solución a la pobreza, el hambre y el futuro incierto de su bebé. El marido mira por la ventana con furia a los trabajadores que acuden a su trabajo y lamenta, junto a sus herramientas de trabajo sobre la mesa, estar sin hacer nada cuando es un hombre fuerte en plena capacidad de trabajo.

La miseria de la estancia, muebles rotos, paredes desconchadas, ausencia de casi todo, acentúa lo dramático de sus vidas.

Mirando más allá del cuadro, subyace una denuncia de la crueldad y la injusticia inherentes al sistema capitalista, especialmente durante la Revolución industrial, cuando las condiciones de trabajo y los salarios eran vergonzosos.


FIN DE INVIERNO. FERNANDO FADER.

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El tema aquí es totalmente diferente, un paisaje con tintes impresionistas donde triunfa la luz. Pincelada suelta y pura (no se mezclan los colores, cada pincelada muestra un solo color), práctica ausencia del negro, captación de lo fugaz, interesante combinación luces-sombras y pintura al aire libre; es decir, impresionismo.

Fíjate el espectacular efecto lumínico que nos hace creer en un espacio real, una atmósfera en la que podemos respirar su aire. La naturaleza resurge tras el invierno y los primeros brotes de verdor se hacen evidentes en el pasto si bien todavía los árboles están sin hojas. Caballos y edificaciones están en un segundo plano porque lo importante aquí es el paisaje cuya variedad cromática resulta un lujo para la vista.


LA MAZAMORRA. FERNANDO FADER.

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Otra propuesta impresionista de Fader aunque aquí los personajes aparecen en primer término durante un descanso en la dura tarea agrícola.

La tierra recién arada del fondo es el escenario donde los mulos descansan mientras el caballero, sentado a la sombra de un árbol da cuenta del almuerzo que su mujer le ha preparado ahí mismo con una lumbre y unas cazuelitas.

La escena también rezuma tristeza, el marido come mirando el plato y la mujer está ensimismada en sus pensamientos, sentada en el suelo y con las manos juntas. No hay conversación ni comunicación, la vida es dura para ellos y eso suele afectar a las relaciones personales, a la relación de pareja y conduce al pesimismo y al fatalismo.


LAS PARVAS. MARTÍN MALHARRO.

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Podríamos confundir perfectamente este paisaje pintado en 1911 con un Monet.

Vuelve a aparecer un limpio impresionismo en esta escena campestre con un bellísimo conjunto cromático de blanco-gris en el cielo, verdes y ocres en el paisaje y ocre amarillento en las parvas.

No hay personajes ni sucede nada, es la naturaleza en todo su esplendor captada en pinceladas pequeñas de colores puros y que debemos de contemplar desde cierta distancia para que se fundan en nuestra retina y formen líneas nítidas.


ELEVADORES A PLENO SOL. QUINQUELA MARTÍN.

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Este pintor porteño destaca por el color , siempre variado y vivo y su temática centrada en barcos, puertos y trabajo frenético.

Quinquela Martín se inspiró en el Riachuelo, un rincón del puerto de Buenos Aires junto al popular barrio de La Boca. Los descargadores, el agua, los barcos, los muelles y los edificios hierven de color y de actividad humana. La pincelada es simple pero muy efectiva.


LA VIDA DE UN DÍA. FERNANDO FADER.

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Este cuadro es la biblia del impresionismo ya que capta el mismo lugar en diferentes horas del mismo día. Esto nos permite apreciar los cambios que el recorrido solar va marcando en la distribución de luces y sombras y en la diferente tonalidad de la luz según la hora del día en que nos encontremos.

Fader realiza un mosaico de vistas dentro del mismo cuadro como si el espectador cambiase de hora para contemplar este rincón rural al amanecer, al atardecer, al mediodía, etc.

Como ya sabes, los impresionistas pintan al aire libre y les apasiona la captación del momento con las particularidades atmosféricas de luz, sombras, nubes, humo, niebla, nieve, diferente estación climatológica, etc.

Cualquier viajero con sensibilidad sabe que cualquier ciudad o paisaje debe de ser contemplado desde diferentes climas, situaciones lumínicas naturales o artificiales y con o sin ajetreo, gente...Si un viajero visita Paris un solo día y está lloviendo, se llevará una impresión falsa de la bella capital francesa. Mejor que la visite en verano y en invierno, con sol, lloviendo, con niebla, con frío, con calor, amaneciendo, a mediodía, atardeciendo, de noche con los monumentos iluminados; sólo de esta manera su concepto de París será completo. En cuanto a los paisajes naturales, qué bello resulta contemplar el movimiento de las nubes, la niebla cubriendo los valles, el atardecer. Si se te está haciendo la boca agua, admira este cuadro múltiple en primer lugar y, cuando puedas, sal a la naturaleza.


VUELTA DE LA PESCA. SOROLLA.

Ya habíamos mostrado en una exposición monográfica obras de este gran pintor valenciano, maestro del impresionismo español. En esta ocasión mostramos dos obras del museo de Buenos Aires.

En la vuelta de la pesca la luz mediterránea preside la escena de bueyes arrastrando la barca hasta la arena mientras las mujeres acuden a recoger a sus maridos y al pescado que estos traen. El colorido es acusado y rico y las luces y sombras marcan mucho la escena playera.


LA ÚLTIMA COPLA.SOROLLA.

Escena costumbrista de Sorolla que recopiló paisajes de España y costumbres populares. En un bello y florido entorno, regresando de la playa, personajes femeninos y masculinos con preciosos trajes regionales.

El colorido es explosivo, rojos, amarillos, azules, verdes... La escena no puede ser más alegre: el burro lleva una pareja y el resto del festivo grupo ríe, canta y baila.

Observa el arco de flores, el sol en el crepúsculo, la playa luminosa al fondo y las caras de felicidad de los protagonistas.


ESCENA DE GUERRA. GOYA.

Con su habitual pincelada suelta y deshilachada de su última etapa, Francisco de Goya pinta una escena de violencia.

El pesimismo lo preside todo. El cielo es negro, de tormenta, los soldados disparan sin piedad, las mujeres están en medio de los contendientes y son tiroteadas por los trabucos y el fanatismo guerrero prevalece sobre la compasión o la humanidad.

Nos recuerda el famoso cuadro de los fusilamientos de La Moncloa aunque este que exponemos es de menos tamaño y de factura más rápida.

No existen contornos sino trazos de color desgarrados que nos sumergen en la atmósfera lúgubre y sórdida de cualquier violencia.