EL TRIGO.

Tradicionalmente los temas campestres han atraído mucho a los pintores. La belleza de los campos en las diversas estaciones, el olor fresco de la naturaleza, la huida del mundanal ruido que supone acercarse al campo y, a veces, la alegoría del otoño representado por la siega conforman las poderosas razones que históricamente han tenido autores muy dispares en tendencias, gustos y épocas.

Hoy valoramos estos paisajes con melancolía y admiración, ya que la mayoría de nosotros somos muy urbanitas. Un buen paseo relajado por los campos de trigo, en primavera cuando está todavía verde, o en verano cuando amarillea, o ya cuando se siega nos aporta ese contacto con la naturaleza del que tan necesitados estamos casi siempre. Las espigas meciéndose al viento, los pájaros sobrevolándolas, las labores agrícolas...todo resulta muy sugerente.

En esta exposición puedes disfrutar con siete obras muy variopintas pero imbuídas todas ellas por el halo de poesía que desprende la naturaleza en todas sus manifestaciones y por la belleza indudable con que nos regala siempre, sin olvidar la sensibilidad exquisita con que es contemplada por los ojos de estos artistas que hemos seleccionado.

LOS SEGADORES. PIETER BRUEGHEL.

Las labores de la siega son vistas con la peculiar mirada de Brueghel. El amarillo de los trigos y el verde de las praderas y árboles son los colores predominantes en la composición. La perspectiva es primorosa y se consigue con el difuminado progresivo, la degradación de los tonos y el empequeñecimiento de los objetos representados, además de un punto de vista alto sobre el horizonte.

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Los campesinos siegan con guadañas, transportan cántaros de agua, recogen las gavillas, duermen y comen. Al fondo el poblamiento disperso de una idílica aldea con casitas de tejado de heno y un puerto con barcos veleros.

Como es un cuadro con muchas escenas es interesante que observes:

CAMPO DE TRIGO. VAN GOGH

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Protagonismo en primer plano de unas gavillas recogidas de trigo y al fondo el campo a punto para la siega. El radiante amarillo de Van Gogh significa optimismo y en conjunción con las espirales y curvas produce una agradable sensación pictórica.

El cielo azul con algunas nubes queda al fondo y tan empequeñecido como las casas y los árboles. Al igual que otros paisajes de este autor, estos campos pertenecen a la Provenza francesa, lugar luminoso y mediterráneo que inspiró a este holandés acostumbrado a los paisajes de su tierra, mucho más oscuros.

CAMPO DE TRIGO CON CIPRÉS. VAN GOGH.

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Muestra este lienzo unos bellos campos primaverales en las cercanías de St. Remy en Provence (Francia). Él estaba internado en un sanatorio de esta localidad y solía reflejar los paisajes locales en sus cuadros.

Los tonos son alegres y vivos, lo que tal vez muestre su optimismo al recibir la noticia de la paternidad de su hermano. Los amarillos, malvas y verdes, salpicados de rojo y blanco conforman un conjunto relajante y atractivo. La pincelada gruesa, con mucho óleo, retorcida y helicoidal es muy característica de este pintor.

LA ERA O EL OTOÑO. GOYA.

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Contemplas el boceto preparatorio conservado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid del cuadro definitivo que se guarda en El Prado. Goya, con su habitual sagacidad contempla una escena donde sólo una persona trabaja, el resto se relaja de distintos modos: siesta, juegos, risas...

Sobre un paisaje castellano con un soberbio castillo un grupo de segadores descansa o disfruta de la bonanza climática. Observa cómo un niño juega con su padre, otros dormitan plácidamente y el grupo de la izquierda emborracha a un lugareño que, con cara de ceporro, se deja hacer.

Magistral efecto lumínico proveniente del fondo y un colorido ocre predominante, junto con la habitual pincelada suelta del genio aragonés caracterizan esta graciosa obra, alegoría del otoño.

CAMPO DE TRIGO. RENOIR.

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Como buen impresionista, Auguste Renoir estaba fascinado por el paisaje, y, sobre todo, por la captación de lo momentáneo y cambiante. En las obras impresionistas se puede apreciar el aire, la atmósfera que tamiza las superficies y los contornos y los desmaterializa haciéndolos vaporosos y muy creíbles.

En este campo de trigo se ven las características tradicionales de los impresionistas de prescindir del negro, usar pinceladas de colores puros sin mezclarse entre sí y realizar los cuadros para ser observados desde cierta distancia ya que desde muy cerca aparecen borrosos. Los colores azules del cielo, los verdes de la vegetación y los amarillos dorados del trigo ya crecido resultan muy bellos. Es una luz matinal de verano captada en un momento determinado, ya que en otro momento del día o en otra estación, el pintor captaría una realidad muy diferente.

LOS SEGADORES. PICASSO

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Un estilo muy diferente emplea Pablo Ruiz Picasso para tratar el mismo tema protagonista de esta exposición.

Simplificación de las formas, con tendencias cubistas, explosión cromática, pinceladas gruesas y contornos muy marcados son los detalles que captamos en este lienzo.

Picasso pasó por muchos estilos distintos a lo largo de su dilatada carrera artística pero siempre fue un artista innovador y original que aportó mucho a la historia del arte.

Te puedes creer que en este cuadro no se ve nada pero esa es una ilusión pasajera, fíjate y verás el carromato, dos bueyes, gavillas, dos trabajadores masculinos y dos femeninos, montones de paja, etc. Es decir, no es un cuadro abstracto sino figurativo, eso si, la realidad la vemos a través de los ojos y subjetividad de Picasso.

LAS PARVAS. MARTÍN MALHARRO

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Podríamos confundir perfectamente este paisaje pintado en 1911 con un Monet.

Vuelve a aparecer un limpio impresionismo en esta escena campestre con un bellísimo conjunto cromático de blanco-gris en el cielo, verdes y ocres en el paisaje y ocre amarillento en las parvas.

No hay personajes ni sucede nada, es la naturaleza en todo su esplendor captada en pinceladas pequeñas de colores puros y que debemos de contemplar desde cierta distancia para que se fundan en nuestra retina y formen líneas nítidas.