VANGUARDIAS PICTÓRICAS.

El siglo XX ha sido la etapa de la historia del arte que más ha corrido en la sucesión de estilos y tendencias artísticas, de forma que encontramos numerosas en un espacio de tiempo relativamente corto. Algunos artistas de dilatada vida profesional han pasado por diversas fases, abrazando diferentes estilos cuando surgían y abandonándolos por otros nuevos cuando lo consideraban conveniente.

En general podemos decir que todas estas vanguardias presentan una gran originalidad, los pintores representativos de todos estos movimientos estaban permanentemente ensayando e investigando nuevas formas, materiales, conceptos, etc. Algunos eran figurativos (reflejan la realidad más o menos fielmente) y otros abstractos (se apartan de ella).

Todos buscan la creatividad artística en base a la originalidad, la libertad e incluso la imitación de lo primitivo (África, Asia, Polinesia).

El arte para ellos no es representación sino presentación y por ello no tiene porque estar sometido a un tema reconocible, ni reflejar tres dimensiones, ni parecerse a lo anterior.

Esta etapa artística de las vanguardias corresponde a un periodo muy convulso de la historia, Primera Guerra Mundial, Revolución Rusa y triunfo del comunismo, enfrentamiento absolutismo – liberalismo, rivalidad colonial entre potencias europeas, etc. Un mundo en crisis revitaliza el arte y su expresión ya que conciencia al artista y le convierte en inquieto buscador de cosas nuevas y provocadoras, reaccionando contra las injusticias que le rodean.

En esta exposición te mostramos algunas de las principales vanguardias pictóricas con sus autores y obras más destacados, contémplalos con la mente abierta, sin prejuicios, sin comparaciones y dispuesto a comprender y a disfrutar de estas originales propuestas.

FAUVISMO. LA DANZA. HENRY MATISSE. (1869-1954)

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A independencia del color, que además es muy estridente, caracteriza esta tendencia de artistas denominados por la crítica “fauves” (fieras). Asímismo el dibujo se hace con gruesas líneas que cambian de color incluso dentro de la misma figura. No se preocupan de la luz ni de la profundidad, la pintura debe ser autónoma, no pretende imitar nada. Matisse decía “yo no creo ninguna mujer, sino que hago un cuadro”.

La Danza nos muestra una enorme sencillez en su estructura, movimiento que sobrepasa el marco, contraste brutal de colores sin matices y movimiento circular contínuo. Matisse trata por separado dibujo, color, forma, movimiento y composición.

ORFISMO. TORRE EIFFEL ROJA. ROBERT DELAUNAY. (1855-1941)

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Este cuadro forma parte de una serie en la que nos parece que la famosa torre parisiense se desmorona y fragmenta. El efecto lo consigue Delaunay con la yuxtaposición de perspectivas, distintos puntos de vista a la vez parecen trocear la torre y ofrecérnosla como en una visión extraña y alucinada. Acompañada de edificios vecinos parece haber sido sometida a un bombardeo apocalíptico. El orfismo tiene bastante que ver con el cubismo, contemporáneos y complementarios.

FUTURISMO. UMBERTO BOCCIONI. (1882-1916).

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En este “movimiento de un corredor”, Boccioni busca plasmar en la tela el dinamismo de la era moderna, sacudida por una revolución de desarrrollo industrial. El movimiento, típico de la era actual, quiere reflejarse como protagonista por encima de cualquier otro aspecto. Un mismo objeto tiene que dar sensación de movimiento mediante el único recurso del color, muy vivo, y así se multiplican las posiciones de un cuerpo como lo hacía el cine lento de comienzos de siglo.

EXPRESIONISMO. EL GRITO. EDUARD MUNCH. (1863-1944)

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Este famoso cuadro es el más representativo del expresionismo. Curvas sinuosas, colorido arbitrario y chillón, sensaciones de angustia y agobio, seres atormentados e inquietantes conforman una visión pesimista del hombre y su realidad. La desesperanza preside los cuadros expresionistas, que, como puedes ver, muestran lo sórdido y lo lúgubre por encima de cualquier parecido al mundo que nos rodea; es la interpretación pesimista y tenebrosa de esa realidad.

EXPRESIONISMO ABSTRACTO. POLLOCK. ROTHKO.

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Se dio en Estados Unidos en las décadas de los cuarenta y cincuenta y estos artistas comenzaron pintando cuadros realistas para evolucionar después hacia el abstractismo. La escuela de Nueva York, con Pollock y Rothko es la más importante de esta tendencia.

Jackson Pollock (1912-1956) aplicó una nueva técnica: el chorreado (dripping) consistente en poner la tela en el suelo, prescindiendo del caballete, y aplicar la pintura sin pincel, lanzando botes y tubos abiertos, bailando alrededor con los botes de pintura para homogeneizar sus obras, enfin, todo muy “activo”. Él mismo decía que lo importante no era la obra terminada sino el proceso de creación. Aquí puedes ver su “Lucifer” claro exponente de lo anterior.

Marc Rothko (1903-1970) utiliza manchas de color organizadas de forma vagamente geométrica. Con superficies lisas, crea una atmósfera de calma y serenidad, diversos colores sobre un fondo logran un efecto poderosamente decorativo. En sus cuadros, Rothko usa exclusivamente el color, a quien hace “hablar”. No encontramos dibujo, perspectivas, figuras; sólo colores, eso sí, auténticamente expresivos.

REALISMO. ANDREW WYETH. EL MUNDO DE CRISTINA.

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Pese a todas las innovaciones, no desaparece la tendencia realista, imitadora de la realidad y Andrew Wyeth es un gran representante de ello. En este “Mundo de Cristina” nos recrea un ambiente inquietante sobre la realidad del ser humano y sus temores. La chica paralítica, Cristina, vecina del pintor, está echada sobre la hierba tratando de arrastrarse hasta su casa, muy lejana al fondo. Ella solía desplazarse así por el campo de hierba llevando ramitos de flores y eso impactó a Wyeth. Está vestida con un traje rosa y muestra unos brazos y unas piernas muy débiles. Los negros cuervos revolotean sobre estas viviendas, cuya estética nos recuerda la siniestra silueta del motel de Norman Bates en la película “Psicosis” de Hitchkock. El paisaje desolado hace pensar en la soledad del ser humano y en su desvalimiento frente a su propia trascendencia y sus limitaciones. Es magnífica la distribución de masas y la incidencia de la luz. La técnica de la tempera (pigmentos mezclados con huevo) aporta un suave acabado al cuadro y un eficaz realismo. Esta obra maestra nos deja pensativos y melancólicos pues nos enfrenta a una triste y frecuente realidad, la del sufrimiento de nuestros semejantes y nuestra escasa sensibilidad hacia ellos.